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L'Osservatore Romano

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       El Santo Rostro

Resumen histórico



   El Sudario del Santo Rostro de Jesús que se conserva, desde hace unos seis siglos en la iglesia de San Bartolomé de los Armenios, según la tradición es el más antiguo retrato de Jesús y es probable que sea el verdadero retrato del Redentor. En un fragmento del Evangelio de San Juan se puede leer que un día se presentaron ante el apóstol Felipe unos "griegos" solicitando ver a Jesús. Esos "griegos" - según cierta interpretación - serían los enviados del rey Habgar V de Edesa (antigua ciudad de Siria, actualmente Urfa, en la Turquía meridional). Del rey Habgar y de un emisario suyo a Jesús habla una tradición muy antigua, de los primeros siglos de la era cristiana. A esta tradición se refiere el primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesarea (primera mitad del siglo IV d. de J.C.); habla también de ella el historiador armenio Moisés de Core (finales del siglo IV d. de J.C.) y otros historiadores antiguos como Procopio, Evagrio, etc. Durante todo el primer milenio de la era cristiana - ya que no se conocía directamente el Santo Sudario - el Santo Rostro del Cristo de Edesa (llamado así porque se conservaba en Edesa) era reconocido y venerado como el verdadero retrato de Jesucristo, como la matriz de toda la iconografía cristiana (que históricamente tuvo su origen precisamente en la región de Edesa).

  Del Santo Rostro de Edesa siempre se ha hablado en el mundo cristiano - sobre todo en el oriental -; pero su importancia se afirmó sobre todo en el periodo iconoclasta, cuando (en el siglo VIII) algunos emperadores bizantinos - y entre éstos, especialmente León III el Isaurico - trataron de destruir las Imágenes Sagradas, con el pretexto de purificar el culto cristiano. Los defensores de las Imágenes Sagradas (como San Juan Damasceno, San Germán, Patriarca de Constantinopla, los Papas Gregorio II, Adriano I y muchos más) presentaron como principal argumento "histórico" a favor de las Imágenes Sagradas, la existencia del Santo Rostro de Edesa, que según la tradición se remontaba al tiempo de Jesucristo. El Santo Rostro se recuerda también en el II Concilio de Nicea (VII Concilio Ecuménico) del año 787 d. de J.C., que establece la validez del culto de las Imágenes Sagradas sobre la base "histórica" especialmente del Santo Rostro de Edesa y sobre la base "dogmática" de la verdad de la Encarnación, por la que Dios, a través de Jesús, se ha hecho "visible" y por tanto "representable": con la Encarnación, Dios, a través de Jesús, puede ser "visto", y no solamente "escuchado" a través de su "palabra".

  En el siglo X - exactamente en el año 944 - el Santo Rostro fue trasladado de Edesa a Constantinopla, desqués de acuardos entre el Emir de Edesa y el Emperador bizantino Constantino VIII Porfirogenito. Este traslado se consideró tan importante que, para recordarlo y celebrarlo se estableció una fiesta litúrgica, fiesta que todavía hoy se celebra en la Liturgia Bizantina.

  Hacia mediados del siglo XIV debido a la decadencia del imperio bizantino gravemente amenazado por el avance de los turcos, el capitán genovés Leonardo Montaldo (que más tarde llegó a ser Dux) se llevó de Constantinopla el Santo Rostro en 1362 y lo obtuvo como regalo o lo exigió, después de su apoyo militar al emperador Juan V Paleologo.

  Después de su traslado a Génova, en 1384, Montaldo donó el Santo Rostro a la iglesia de San Bartolomé de los Armenios, junto a la cual los Montaldo tenían sus casas y posesiones.

  Desde entonces el Santo Rostro se conserva en esta iglesia de San Bartolomé de los Armenios, siendo objeto de gran veneración por parte de genoveses y católicos de toda Italia. Una antigua cofradía - del "Santo Sudario" - demuestra la importancia que tiene el Santo Rostro para la ciudad de Génova y para toda la cristiandad desde hace seis siglos.

  En 1507, durante la ocupación de Génova por parte del rey de Francia Luis XII, el Santo Rostro fue robado y llevado a Francia, pero desqués de algunos meses, gracias a la intervención de embajadores, ricos comerciantes y banqueros genoveses - entre éstos Jano Grillo -, la preciosa Reliquia fue devuelta a Génova. Y aquí permanece como baluarte espiritual de la ciudad - sobre todo durante la República Genovesa -, como lo había sido en Edesa y en Constantinopla, símbolo elocuente de la historia religiosa de Génova, pero también, y más aún, de todo el mundo cristiano, que en este Retrato de Jesucristo conserva una huella "sensible" de la Verdad y del hecho fundamental de su Fe: la Verdad y la Realidad de la Encarnación.


 
 
 
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